Dentro de seis meses, con solo 42 años, me examinaré para Shodan.

Comparto esta historia porque es recurrente. La he escuchado muchas veces durante la típica conversación después de un buen entreno de Kyokushinkai. Os cuento la mía, mi versión, pero estoy seguro que más de uno se sentirá identificado.

Pre-adolescente, recién mudado a una nueva cuidad, en un nuevo colegio, tímido, bajito, introvertido y claro, inseguro. La vida no me sonreía precisamente, malas notas, muy flojo en los deportes y no me codeaba precisamente con los populares del colegio

Hasta que un afortunado día mi cuñado me comenta inocentemente que cuando era joven practicaba Karate y que le fue muy bien, que cuando él tenía mi edad era muy parecido a mí. Se puso fuerte, hacía combates como en la tele y corrían cantando en grupo por las calles…Yo escuchaba sus historias hipnotizado y sonreía mientras lo escuchaba pero mi día a día seguía siendo deprimente.

Algún tiempo más tarde, después de buscarme al colegio, me dijo que cerca de casa había un gimnasio donde impartían clases de Karate. ¿Qué por qué no íbamos una día, solo a mirar? Ya sabéis lo que vi, lo seguís viendo, así que no lo comentaré.

Mi vida dio un vuelco. Primero fue a nivel físico, me convertí en uno de los mejores en deporte. Después mis notas, sin saber el motivo mejoraron mucho. Finalmente, al cabo de un año solamente, era un aborrescente normal, adolescente perdón. Todo lo seguro que uno puede ser con esa edad y con buenos amigos, por fin integrado, feliz.

Me acuerdo con nostalgia de ese “Dojo”, gimnasio Ateneo se llamaba. No era un Dojo sino como su nombre indica un gimnasio en el cual se aprovechaba la sala de parquet para dar clase de Kyokushin a última hora cuando ya no se daban clases de baile. Tengo recuerdos muy nítidos de toda esta época. De mis compañeros de entreno, de como se realizaban las clases, del espacio, de las sensaciones, sonidos y olores…Pero por lo cual realmente siento nostalgia es por mi Sensei.

Me acuerdo vagamente de su físico. Era moreno, mediana estatura, con bigotes, seguramente algo más joven que yo ahora. Pienso que se llamaba Bertrán o Beltrán, de Galicia, guardia civil pero no puedo asegurar nada, yo era muy joven. Se convirtió en un referente para mí. Representaba un ideal casi místico en ese momento. Un autentico samurái. Saludable, fuerte, severo, muy buen karateca pero al mismo tiempo amable, paciente, sonriente. Me acuerdo incluso del día en el cual nos anunció con tristeza que Sosai había fallecido. Son recuerdos fragmentados pero intensos.

Pocos años más tarde, ya 3er kyu, nos informo que se mudaba, que volvía a Galicia. Yo en ese entonces no entendí los motivos. Fue un momento desgarrador para mí y mis compañeros. Vino otro profesor pero duré pocos meses y abandoné el Do. Tiempos turbulentos se acercaban. Vida universitaria y primeros trabajos. Parece que al alejarme del Kyokushinkai mi vida se complica.

Seguirá…