-DO-

«Karate» – Vacuidad y materia. El Ser y la Nada. Alcanzar el equilibrio armonizando los opuestos entre existencia y no existencia.

En sí, Kara-Te significa literalmente mano vacía, pero, profundizando en el matiz del por qué se hacen artes marciales, por qué, en este caso, hago Karaté-Do, es porque algunos de nosotros tomamos una vía («Do»), y la predeterminación y elección de seguir esa vía, previa inclusión a la misma por mera causalidad de las circunstancias.

Y, eso, es la extrapolación del «Yo» (Conciencia), alejado del «mí mismo» y ubicado en un espacio extracorpóreo ajeno a nuestra persona. Dejamos de ser así en nosotros, para comenzar a ser para los demás, en los demás; formando parte así, de algo más grande que nuestra persona.

En Karate no existe género o número, tan solo la integración, de unos y otros, en un algo mayor, por medio del desarrollo y el fortalecimiento de la mente, el cuerpo y la voluntad. Así, nos transformamos en el Do, vivimos en el Do, somos el Do, (la vía o camino). Cada golpe, cada técnica, cada vez que nos sentimos con la moral baja y nos elevamos para pibotar una vez más, para ejecutar otro mawashi geri, cada vez que nos esforzamos en todo nuestro ser para imprimir un gran «kiai», y así definir un tsuki más, ¡sí!, cada vez que damos un paso más en esta Vía, nos unimos al «Do».

No podemos vivir en Karate sin Do. Karate sin Do, es como el cuerpo y la mente sin corazón. Sí, una conjunción de interfaces sinápticas, ni más ni menos que una máquina biológica. «Kara-» puede vivir sin «-Te», y «-Te» sin «Kara-«, aunque su aislamiento les llevase a la degradación. Pero ni «Kara-» ni «-Te» pueden vivir sin «Do». En Do alcanzamos la culminación de Karaté.

En Karaté observamos de forma empírica y poco racional en un principio el concepto de «kiai»: «ki» es la energía vital, «ai» es unión. Así, es vital poner énfasis en que toda nuestra mente, todo nuestro cuerpo y toda nuestra voluntad se impriman por completo en cada movimiento, en cada técnica, en cada espiración y aspiración. Entonces hallamos «ai» (unión), y nos hacemos en Karaté, uno con Do. Es en ese principio del Zazen, (meditación en movimiento) en el que podemos hallar la iluminación, encontrarnos a nosotros mismos en nuestros compañeros, en nuestro Sensei o Shihan, en nuestro dojo; nos encontramos en Do.

Y es así que llegamos a la expresión máxima de kiai en Karaté, en la que «ai» puede llegar a perderse quedando solamente «ki». Entonces perdemos la unión y nos salimos de Do, tenemos ki pero no hay unión; ¿de qué sirve un río estancado en el que no corre el agua? Se va llenando de suciedad, todo se pudre en él, la vida en él se va y al final se seca. Eso también afecta a su entorno, privando al mismo de la vida que el corriente de agua mantiene y lleva con él, perdiendo la unión.

Y, esa expresión máxima, es kumité. Kumité significa «encuentro de manos». Este es un concepto que lleva intrínseco, de forma alusiva, el «Kiai», la unión de las energías. Así, Kumité es la unión de los que viven en Do, en donde expresan el kiai con todas sus fuerzas para profundizarse más y más en Do y alcanzar el Mushin no shin, mente sin mente, concepto del que se puede profundizar en otra ocasión, y mantenerse así, en Zazen, en Do.

Y es aquí donde se alcanza también la máxima expresión del Kumité, y, así también la maxima expresión del Karaté-Do, en tanto que se extiende la finalidad del Kumité, la máxima expresión de Do, en todo el Karaté: Kyokushinkai.

Así, hallamos a Do en el Kanku; encontramos la unión, «-kai», del espíritu, «-shin-«, con lo más alto «Kyoku-«. Es allí donde nos encontramos con Do.

Cristian